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El Cáncer de Arturo Capdevila
TITULO: El Cáncer
AUTOR: Arturo Capdevila
EDITORIAL: Buena Vista Editores
CODIGO: 802
CATEGORIA: Cáncer/Biblioteca Oculta Arturo Capdevila
PESO (en gr.): 270
PAGINAS: 196
ISBN: 9789871467099
  • Descripción
  • Indice

Sintetizamos algunos de los conceptos de este libro:


¿Qué enfermedad es el cáncer que en nada se parece a una enfermedad? No se acierta con ninguna definición patológica que le convenga al cáncer, ya que en él no se da lo más característico de todo mal orgánico, a saber, el esfuerzo de la naturaleza por volver al estado normal las funciones alteradas. El enigma está ahí ¿cómo es que el organismo en la invasión cancerosa se rinde sin combatir? En otras palabras: ¿cómo explicar este apagamiento de la fuerza vital ante el agente morbífico?


Hay otras extrañezas más, y no de poco bulto ¿qué enfermedad es ésta (si ha de llamarse enfermedad) que no se produce espontáneamente en ningún animal? ¿Cómo esta degeneración celular no presenta un solo caso –verdadero y no ilusorio- en todo el mundo de los vegetales? ¿Cómo explicar que tales hechos no hayan sido hasta ahora el riguroso punto de partida médico para la investigación del fenómeno? Eso: del fenómeno.


Si la idea de un agente microbiano debe ser desechada a vista de tantas evidencias, no es el mundo de lo morboso el que debe ser explorado, sino el otro (y no hay sino dos): el mundo de la alimentación. Éste es el mundo que debe ser explorado: el de la conducta alimentaria de las víctimas, anterior a la invasión, con el objeto de descubrir en todos los casos un elemento común insistentemente repetido.


A comida absurda o maléfica, nutrición perjudicial o mortal. Es obvio que la estructura química propia del organismo se altere perniciosamente cuando la comida le es dañosa. Por idéntico principio la obstinación en el mantenimiento de una misma alimentación inadecuada forzará finalmente al organismo a la incorporación de esas substancias no asimilables y, a la postre, letales.


¿Se puede saber cuándo empieza una formación cancerosa? Para lo que más importa que son los órganos internos, claro que no. El invasor no se da a conocer sino por la expugnación del centro asaltado. Algo ha caído ya cuando se acusa su presencia. Lo seguro es que todo esto acontece porque la sangre acarrea el material. Y si continúa acarreándolo, las células neoformadas siguen configurando un proceso tumoral que conducirá a la muerte.


Pero, a todo esto, en el supuesto corriente ¿por qué se desvía de su ley una cualquiera zona celular? La respuesta viene a parar en la rutinaria y no poco supersticiosa idea de la predisposición. Añadir que la predisposición puede ser de un tipo innato arroja la cuestión definitivamente a una oscuridad sin salida y a un puro y hueco suponer. Mentira parece que todavía hoy se cometan esos abusos de la más llana superficialidad mental; sin hacer cuenta de su comodidad despreocupada.


A la realidad del paciente hasta hoy estudiada en todo lo que mira a la expresión patológica, añado yo la hasta ahora nunca cumplida averiguación prandiológica, o sea la directa relación del mal con una determinada alimentación.


¿Y sostendrá alguien, tan adicto como se quiera al dogmatismo experimental, que esto queda fuera de la realidad del enfermo, y en lugar de explorarlo a nivel de hombre seguirá haciéndolo únicamente a nivel de cobayo, de conejo o de ratón? Nuestras averiguaciones entran de lleno en la realidad humana de una manera absoluta. Entran nada menos que en la realidad de su mesa. Y si el intelecto se dirige a esa realidad con rigor metódico, fuerza será reconocer que cumple así puntualmente una labor científica, incuestionablemente tal, con la ventaja, además, de los nuevos horizontes que se abren con ella; de tal modo que, después de tanta heredada mitología doctrinaria, como con el propio cáncer acaece, pueda reintegrarse por fin la Medicina a la Naturaleza.


Donde nada sabe el médico, pues pone muy lejos su atención, algo saben o pueden saber el padre de familia y la dueña de casa. Su aportación en lo que mira al cáncer, ha de tender a una cierta alimentación donde positivamente radica la causa originaria de todo carcinoma. En multitud de casos –de hecho en la totalidad de los casos- se encontrará siempre una dada combinación alimentaria, como predilecta,, preponderante y continua, en la mesa del futuro canceroso. Esa combinación consta de dos sustancias declaradas incompatibles por las distintas respuestas gástricas que suscitan; incompatibles porque cada una de ellas requiere de un determinado estado estomacal e intestinal: la leche por una parte y el huevo por la otra; conjunción de que hacen su preferencia invariable ya por prescripción médica, ya por afición golosa, los consumidores de cremas, de flanes, de postres con aquella doble base.


Hacia el tiempo en que las palabras fueron claras, los mitos eran transparentes también. Símbolo del mundo y hasta de su Creador era el huevo. En griego por eso dice tanto como oion, ovon: lo que por sí mismo se alimenta. De modo que ¿cómo ni para qué, sin perturbación del orden natural, se le añadirá la leche? Ni al huevo ni a la carne (que se acuerda de su origen) se le añadirá la leche. Por ese motivo los hebreos de los tiempos mosaicos previenen que no se haga. No guisarás el cabrito –perceptúa El Exodo- con la leche de su madre.


La fusión forzada de dos universos alimenticios incongeniables engendra de por sí los elementos tumorales y su consecutiva aglomeración de materia superflua y con ella la desorganización de los tejidos, la disfunción de los órganos, la muerte … Y es para encarecer a este respecto la potencia trastornadora del queso con su concentración de caseína en ese conjunto de fuerzas desquiciadoras y negativas, como refuerzo de destrucción sobreañadido. Cosas todas en que la Bromatología nada puede ni atenuar, ya que no nos hallamos ante un problema de higiene sino ante un conflicto iónico esencial. Y qué diremos, además, de esos estímulos viciosos del alcohol, de los picantes … Ellos constituyen de por sí el factor irritativo en ingesta cancerígena, y gradúan con su mayor o menor intervención, la relativa benignidad o malignidad y rapidez de las neoplasias.


La historia de la formación del cáncer podría relatarse de esta manera: mediante la ingestión día tras día, de una alimentación tan nociva que bien podría ser llamada antibiológica se fue suscitando un proceso de sucesivas alteraciones al rigor de una invasión de sustancias inasimilables, cuyos desechos no lograba eliminar el organismo por sus vías naturales. La sangre y la linfa se vieron entonces de más en más alteradas por idéntica causa; de suerte que el enemigo acabó por hacer cabeza de puente en cualquier punto débil de la economía general. Y comenzaron a instalarse las neoformaciones. Y como la alimentación antibiológica, lejos de suprimirse -que habría impuesto la regresión dichosa del daño- hubo de proseguir, la afluencia sin ley continuó, incluso por los intersticios de los tejidos sanos disociándolos, comprimiéndolos, destruyéndolos. Día tras día el mal iba alcanzando a todos los elementos organizados del contorno, según los nuevos contingentes de desecho alimenticio, típicamente antibiológicos, seguían desembarcando por vía sanguínea o linfática, en el terreno elegido.. Hasta que allí no cupo más. Entonces los desechos debieron abrirse nuevo puerto de instalación parásita en otras zonas del cuerpo, destinadas al acogimiento de esas otras neoplasias que por errónea apreciación del suceso llevan el arbitrario nombre de metástasis.


¿Qué hace, mientras tanto la Terapéutica? Su camino electivo es el de la destrucción de la masa tumoral y el de su presunto sustentáculo de tejido sano a que debe llegar preventivamente la exéresis.


Otro muy distinto es, sin embargo, el camino, conforme nos lo ha ido mostrando el proceso mismo de toda tumoración. Lléguese a tiempo, dénsele materiales para remodelar al escultor instintivo que llevamos con nosotros y el proceso contra natura que es de por sí toda tumoración, se interrumpirá de suyo. ¿Por qué? Simplemente por haber recobrado su imperio, con sus justos ordenamientos y armonías, la Naturaleza.

PROLOGO 5
PROEMIO JUSTIFICACION 9
PRIMERA PARTE: EL CANCER TUMORAL
I El cáncer en la plaza 15
II En la ruta oncológica: Roffo 27
III El fenómeno canceroso 40
IV Otras observaciones oncológicas 48
V Cáncer… cáncer… más cáncer 65
VI Cómo y por qué de una hipercancerización nacional 78
VII La máscara y el rostro del cáncer 88
VIII Un camino iluminado 97
IX Recapitulación oncológica 107
X Evidencias casuísticas tumorales 119
SEGUNDA PARTE: EL CANCER LEUCEMICO
I La linfa 145
II La sangre blanca 159
III La etiopatogenia de las leucemias 166
IV El medio interno leucémico 175
V Leucemia y dieta 186
VOTO FINAL 195

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