Georges Ohsawa y la Tradición Religiosa del Japón

Georges Ohsawa y la Tradición Religiosa del Japón

Autor Ronald E. Kotzsch
Editorial Publicaciones Gea
Páginas 352
Peso (en gr.) -
ISBN -
Precio $ 20.000
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Este libro es la tesis presentada por su autor, Ronald E. Kotzsch, ante la Universidad de Harvard. Si bien el objetivo principal es el de relacionar el pensamiento de Ohsawa con la tradición religiosa del Japón, describe con abundante información la vida y la totalidad del pensamiento del fundador de la Macrobiótica.

Kotzsch nos habla del que fue el maestro de Ohsawa: Ishitsuka Sagen, quien se oponía a las teorías nutricionales de la época. La nutrición occidental, decía, está basada en el deseo y la codicia, apuntando solamente a la producción de modelos cada vez más grandes. Eso poco tiene que ver con la salud y felicidad humana. De hecho, la obstruye. Afirma que la carne, alimento que según se supone es especialmente nutritivo y fácil de digerir es, en realidad, de difícil digestión y de escaso valor nutritivo. Una dieta de carne y papas produce personas de carácter débil e imposibilitadas de concentrarse. Una dieta de alimento animal tiende a esclavizar a la persona por una satisfacción sensoria. El azúcar agota las sales corporales y es causa de enfermedades. Los alimentos preparados comercialmente como el pan blanco y bocadillos destruyen la memoria y la habilidad para pensar. El arroz blanco o pulido, aparentemente fácil de digerir, carece de grasa, proteína y, más importante aún, de un equilibrio adecuado de minerales inorgánicos.

Ishitsuka renunció a su puesto de médico militar en 1895 e inició su práctica médica privada en Tokio. Con la publicación de sus libros comenzó a atraer la atención general. Se le conoció como un doctor con casi milagrosos poderes de diagnosis y cura, capaz de tratar exitosamente aun a pacientes abandonados por la medicina convencional. Los enfermos invadían su casa, obligándole a limitar sus consultas a cien por día. Cada uno recibía un diagnóstico y una prescripción escrita de los alimentos que debía comer y evitar. Ishitsuka descartaba toda medicación y operaciones, utilizando primariamente el alimento para efectuar las curas.

Cuando Ohsawa tenía 18 años, su hermano menor murió de tuberculosis. Poco tiempo después también él comenzó a escupir sangre. Se lo diagnosticó como caso avanzado de tuberculosis intestinal y pulmonar, dándosele poca esperanza de supervivencia. Pero por casualidad leyó una de las obras de Ishitsuka y probó el régimen de arroz sin pulir, verduras cocidas, aceite y sal. Muy pronto desaparecieron los síntomas.

Durante la guerra Ohsawa fue víctima de persecución por parte del gobierno. En años anteriores, su antimilitarismo y crítica del gobierno habían suscitado la atención de éste y de los grupos derechistas. Sin embargo, sus vínculos con líderes militares, gubernamentales y aristocráticos influyentes lo habían protegido. De cualquier forma, muchos periódicos nacionales publicaron historias describiéndolo como un fraude médico, un estafador y un libertino con las mujeres. Ohsawa, a la sazón dando conferencias se enteró en un periódico de su propio arresto y prisión. Finalmente, él y sus asistentes fueron arrestados y Ohsawa estuvo una semana y media en la cárcel, que pasó ayunando. Durante el año y medio siguiente y a menudo, fue sometido a prolongados interrogatorios por parte de la policía secreta.

En junio de 1944 le era difícil permanecer ocioso mientras Japón y su pueblo se encaminaban inexorablemente hacia el desastre. En cualquier caso, Ohsawa decidió meterse en un esquema audaz. Resolvió ir a Manchuria, llegarse hasta la frontera rusa y luego a Moscú. Allí convencería al gobierno ruso, aún neutral en la guerra del Pacífico, de actuar como intermediario entre Japón y EEUU, para arreglar la paz. Se dirigió a la embajada rusa y allí trató de entregar una carta que delineaba su plan. Los guardias rusos lo golpearon y luego le realizaron un prolongado interrogatorio. Con la ayuda de sus relaciones pudo retornar a Japón. Decidió irse a Rusia por otro camino. A fines de enero de 1945, reunió a alguno de sus estudiantes para una cena de despedida en su casa. Mientras estaban allí fueron rodeados por la policía. Ohsawa fue arrestado, confiscándosele todos sus libros manuscritos y cartas.

Durante los siguientes 5 meses Ohsawa estuvo en prisión. Al principio tomó la oportunidad para ayunar. Pero luego fue continuamente torturado e interrogado. En marzo ya estaba gravemente debilitado y temiendo por su vida. Demacrado y lisiado, y un 80% ciego, fue sacado de la prisión y enviado a otra. Repentinamente, el 30 de junio, fue liberado con la condición de que no efectuaría reclamos legales.

Poco después de su liberación comenzó a planear un golpe de estado para terminar la guerra. Mientras se estaba preparando la conspiración Ohsawa volvió a ser arrestado. Se lo guardó virtualmente incomunicado hasta principios de septiembre cuando llegaron las tropas norteamericanas. Mientras tanto Hiroshima y Nagasaki habían sido incineradas y Japón se había rendido incondicionalmente.

Después de la guerra Ohsawa había anticipado que el Japón se reharía conforme a sus sugerencias. Aún consideraba que podía convertirse en una nación macrobiótica, comiendo y viviendo de acuerdo al orden de la naturaleza. El plan reformista de Ohsawa contenido en “¿Por qué fue derrotado Japón?” recibió poca atención. Si Japón no podía comprender sus enseñanzas, le sería necesario a Ohsawa apelar directamente a las demás naciones. Finalmente, en 1953 tuvo la oportunidad de ir por el mundo. Lleno de alegría se preparó para irse de su país después de casi 20 años. Partió hacia la India, hogar del Buda y “madre de Asia”. Tomando a Calcuta como base comenzó a dar charlas y consultas médicas. Pronto, su habilidad para tratar enfermedades difíciles por medio de la dieta suscitó atención. Curó casos prolongados de lepra, epilepsia, Parkinson y varias enfermedades tropicales. Su estudio de la tradición Ayurvédica, la ciencia india de la salud y medicina, le convenció de que estaba basada en los mismos principios de sus técnicas macrobióticas de curación.

Ohsawa comenzó a impacientarse. La influencia de sus ideas no se difundía en la India con la rapidez deseada. Resolvió continuar hacia Lambarené, África, para encontrarse con el Dr. Schweitzer. Cuando llegaron éste no había vuelto de una visita a Europa. Ohsawa pasó mucho tiempo preparando un libro importante ofreciendo sus puntos de vista. Se trata de “La filosofía de la Medicina de Extremo Oriente” que deseaba regalar a Schweitzer para su cumpleaños en enero. Ohsawa había llegado a Lambarené y escrito ese libro con un propósito específico. Hacía mucho tiempo que admiraba a Schweitzer por su filosofía de “reverencia hacia la vida” y era su esperanza que el alsaciano comprendiera la macrobiótica y el enfoque oriental de la salud y medicina. Ohsawa consideraba que si Schweitzer, quizás la única personalidad descollante en el mundo intelectual y espiritual del Oeste, pudiera ser persuadido de la validez de la macrobiótica, podría ocurrir un cambio masivo y rápido en el pensamiento occidental, produciendo una genuina revolución biológica mundial. Aparentemente ni el libro ni las curas practicadas por Ohsawa en la región impresionaron a Schweitzer. Quizá, como especulaba Ohsawa más tarde, Schweitzer se ofendió al saber que el tipo de medicina que había estado practicando en África durante 40 años era “sintomática” y “alopática” y clasificada como el nivel más bajo de la técnica curativa. Desilusionado con Schweitzer y con renovada confianza en sus propias enseñanzas, Ohsawa y su esposa, Lima, partieron hacia París.

Al principio se sorprendió agradablemente al constatar el aparentemente serio interés en la cultura oriental y específicamente japonesa. Había muchos lugares donde se practicaba el Judo y otras artes marciales y escuelas de arte floral y ceremonia del té. Además, estaban en boga la filosofía, psicología y estética del Budismo, en especial el Zen. A Ohsawa todo esto lo excitó y por supuesto la posibilidad de que también sería aceptada la macrobiótica, base fisiológica y filosófica de estas formas culturales. Comenzó con éxito creciente a ofrecer charlas y a viajar dentro de Francia y luego a otros países europeos, incluyendo Bélgica, Suiza, Alemania, Suecia, Italia e Inglaterra. Sin embargo, muy pronto comenzó a palidecer el entusiasmo inicial, y Ohsawa comprendió que el interés por la cultura oriental era solamente superficial. Sólo se centraba en los aspectos filosófico y psicológico de la religión. Le faltaba comprensión de la base biológica que, según afirmaba Ohsawa, constituía su corazón. Ohsawa llegó a creer que este interés popular era solo un tenue barniz sobre la crueldad y bestialidad persistente de la vida urbana occidental. La macrobiótica, dice Ohsawa, es un enfoque para eliminar el sufrimiento que enfatiza los medios biológicos y fisiológicos.

Durante los últimos años de su vida reitera la antítesis de la cultura oriental y occidental y de la necesidad del Oeste de una filosofía libertadora, o sea el principio único y la macrobiótica. El 23 de abril de 1966 ofreció una charla y retornó a su casa junto a Lima. Comieron juntos y solos. De pronto Ohsawa se puso de pie, puso su mano en el corazón y cayó al piso. Poco después llegó el Dr. Uschio quien recientemente había adoptado la macrobiótica. Ohsawa había muerto. Según el examen post morten practicado por el Dr. Uschio, la causa inmediata de la muerte fue una parálisis cardíaca.

Según el autor, en años recientes, algunos grupos y orientadores macrobióticos en el Oeste han comenzado a suprimir la corriente subyacente de corte japonés etnocéntrica y cultural en el pensamiento y práctica macrobióticos. Los ataques frontales a la teoría y técnica médica occidental han sido reemplazados por intentos de trabajar en cooperación con profesionales médicos. Se han realizado esfuerzos para justificar la dieta macrobiótica en términos de ciencia nutricional, demostrando que tiene las vitaminas, minerales, proteínas y otros nutrientes requeridos. En cada país se están desarrollando cocinas macrobióticas utilizando cereales nativos y otros alimentos, así como técnicas culinarias tradicionales locales. Se está explorando la compatibilidad de la filosofía y prácticas macrobióticas con el pensamiento y expresión nativos y tradicionales religiosos del Oeste.

La evolución de una macrobiótica no-japonesa en esta dirección está sólo en la etapa inicial. Si lo hace, la aspiración de Ohsawa para una verdadera filosofía y estilo de vida universal podrá alcanzarse en la próxima generación de macrobióticos. En tal caso se habrá logrado su sueño por un movimiento mundial genuino y una revolución biológica de la humanidad.

Aclaración: se trata de un libro no encuadernado sino anillado.

Introducción iii

Capítulo I: Examen de la Vida Religiosa Japonesa 1

Capítulo II: Ishitsuka Sagen y los Orígenes de la Macrobiótica 28

Capítulo III: Georges Ohsawa, Los Primeros Años (1893-1929) 60

Capítulo IV: Primera Estadía en el Oeste (1929 – 1935) 96

Capítulo V: Retorno al Japón en Crisis (1936 – 39) 130

Capítulo VI: Los Años de Guerra (1940 – 1945) 158

Capítulo VII: Los Años de Pos-Guerra (1945 – 1953) 180

Capítulo VIII: Viaje Mundial del Samurai Pobre (1953 – 1966) 201

Capítulo IX: Ohsawa como Pensador Religioso 228

Capítulo X: Ohsawa y la Tradición Religiosa de Japón 256

Capítulo XI: El Profeta en su Tierra y en el Extranjero 275

Conclusión 300

Notas 306

Bibliografía 331